Me gustaba el color extraño de sus ojos, su espalda cuando temblaba y se arqueaba violentamente al contacto con mis dientes, mis manías y perversiones./ Aquella madrugada de tango me hizo vibrar la piel y soñar despierta mientras caminaba por el barrio (de los dos)./ Me encantaba el cansancio de las noches en vela y el sueño cálido de las mañanas en su cama./ Deseaba con desquiciada intensidad las ojeras, el dolor de cuerpo y sus uñas marcadas en los bordes de mi espalda./ Me gustaban sus palabras en mis oídos y el zumbido insistente de la madrugada en los rincones de los cuerpos./

Y ahora,
perdió el gusto y la emoción, se acabó el tono, el
calor áquel y el olor salado del
deseo. No,
no, simplemente no. No bastan.
No es eso. No quiero eso,
no quiero
solamente eso. ¿
Me volví loca o esta vara es normal? Las sábanas húmedas parecen
mejores. Estoy así, no sé, así, “
bien”, creo. Bien. ¡Qué
raro! Todo es
raro, y “bueno” generalmente en estos días.
Lo dije desde el principio, no me lean detenidamente. Porque igual el miedo aún me hace
mal, excepto cuando estas mismas sombras me
cobijan mientras aprendo a disfrutar
morbosamente el desarrollar talento para paladear un
limón dulce, antes que el zumo se amargue por acción del
tiempo. Y así es
él, raro y complejo,
sorpresivo. Es alguien que
no es capaz, y sí,
por suerte. Y yo, así, loca y
rara, rara sobretodo –o no, no sé–. Soy así y me dan
loqueras como esta de que
no funca la vara con vos o con vos, o incluso -
cariño- con vos. Ni yo me entiendo, pero así es.
Chau nene, no voy a decir "
lo siento". No te sorprendás que de pronto un miércoles por la noche llamés y te diga que
no quiero, que estoy ocupada. Ajá.
Así, nada más. No me digás entonces que es la
tercera vez que pasa lo mismo, que me volví
loca y que es la
peor de mis manías. Sobre todo, no te sorprendás de que yo me
ría de vos, sí, claro, de vos.
¿
De quién más?
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